La Toma y ríos subterráneos contaminados históricamente por la minería en el Pomier

La  Toma y ríos subterráneos contaminados históricamente por la minería en  el Pomier

Por Ramón Mesa

Se podría pensar que el reciente acontecimiento en donde el acueducto La Toma de San Cristóbal fue contaminado con cal, fruto de la actividad minera en la zona de Pomier, es algo nuevo. Se trata de un largo proceso de agresión ambiental sin que las autoridades tomen medidas al respecto.

El nacimiento La Toma es el surgente de un río subterráneo que existe debajo de las montañas de Pomier. Estas montañas están compuestas por roca caliza de origen marino y de gran porosidad, mismas que son explotadas de manera indiscriminada por varias empresas mineras instaladas en la zona desde finales de la década del 60.

Este río subterráneo es un resurgente que según las investigaciones, deviene del río Nigua en la  zona de El Tablazo, al Norte de San Cristóbal, y que atraviesa de manera subterránea las montañas del Pomier para resurgir en el vigoroso manantial que se conoce como La Toma, para desaguar nuevamente, varios kilómetros hacia el Sureste, en el mismo río Nigua.

En la larga lucha que ha llevado a cabo la Fundación Cuevas del Pomier y otros organismos  de la sociedad civil, en procura de la preservación de la Reserva Arqueológica Cuevas del Pomier, La Toma pareciera estar en segundo plano. Pero es todo lo contrario; La Toma es parte integral de dicha Reserva, de su biodiversidad y ecosistemas llamados a ser protegidos por la sociedad dominicana y por el Ministerio de Medioambiente y la Ley 64-00.

La historia de contaminación y agresión permanente a este acuífero, prosigue de la siguiente manera:

A principio de la década del 90, durante las operaciones mineras, se derramó petróleo en el área de Cañada Seca, en los alrededores de la fábrica de cal. Al día siguiente los moradores de la comunidad del Pomier, despertaron con la sorpresa de que el agua que llegaba a sus hogares estaba contaminada con petróleo.

En esa misma década, se produjo el desplome de la cueva Procalca, que tenía alrededor de 400 metros de longitud, y  una cantidad importante de arte rupestre.

La cueva fue destruida por una voladura de dinamita. Para cubrir este desastre, ambiental, la empresa ideó otro crimen: cubrir el hoyo con desecho de cal procesada, creando a través del tiempo una montaña de relleno de desperdicios mineros altamente contaminante para las aguas superficiales y la biodiversidad.

En el 2008, el administrador del balneario en ese entonces, de apellido Morbán, dio la voz de alarma porque el agua del balneario se había enturbiado sin haber llovido. Del nacimiento salía agua de lodo, por una retrocabadora que operaba un movimiento de tierra en un solar de la comunidad.

El Pomier es una zona ambientalmente sensible, por la composición calcárea de sus montañas, constituidas por roca caliza de alta porosidad, facilitando la filtración de las aguas superficiales hacia el subsuelo, formando ríos subterráneos.

Muestra de ello es el pozo que la empresa de cales cavó en la cuenca del arroyo Cañada Seca, con el objetivo de abastecerse de agua para sus operaciones. A unos 200 metros de profundidad, el río subterráneo de Cañada Seca, proporciona abundante agua para las operaciones de la empresa y comunidades aledañas que se abastecen del famoso “Tancón”, como le llaman a ese depósito de agua en la comunidad.

En el área de El Tancón, se vierte desperdicios o material procesado denominado “cal viva”. Según nos cuentan los moradores de la zona, en el pasado, después de las lluvias, los peces de arroyo Cañada Seca morían por la contaminación con cal. Pero con el tiempo y las actividades mineras en su cauce, ha desaparecido su correntía superficial. Hay altas probabilidades de que su cauce subterráneo esté vinculado con el acuífero La Toma.

La cantera que recientemente abrió la  fábrica de cales, como alternativa para no afectar directamente el área de amortiguamiento de la Reserva Cuevas del Pomier, está a unos 100 metros, aproximadamente, del referido arroyo Cañada Seca, donde la empresa montó una trituradora de roca caliza, vertiendo materiales que, con las lluvias, se filtran al subsuelo hasta alcanzar la capa freática. Todo esto después de talar un amplio bosque natural para un “supuesto parqueo”, según permisología de Medio Ambiente con el que cuenta la empresa.  

Esto confirma lo delicada que es la zona caliza de Pomier, y que sus aguas subterráneas forman parte de un sistema acuífero que al parecer desemboca en La Toma. Recientemente, el Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados se vio en la obligación de suspender el servicio de agua potable dejando a más de 100 mil personas de los municipios Haina y San Cristóbal sin el preciado líquido, según el propio comunicado de la institución.

Las razones de la suspensión del servicio no estuvieron en el simple hecho de la “turbiedad” del agua, fruto de las recientes lluvias, sino en que, en esta ocasión, la contaminación con cal tornó blanquecino todo el acueducto y el  balneario de La Toma. 

Vale señalar, que las aguas superficiales de las crecidas  del arroyo Cañada Seca, no son vertidas al  acueducto ni al balneario, pues el mismo fue desviado hace años con alcantarillas y muros de gaviones para evitar que las crecidas en  tiempos de lluvia, afecten directamente al acueducto.

En un reciente informe de INAPA, titulado “Gestión de Crisis Turbiedad y Contaminación Acueducto La Toma”, de fecha 12 de junio del 2021, se confirma nuestra hipótesis de que el agua de La Toma no fue simplemente enturbiada por las correntías superficiales fruto de las lluvias, sino contaminadas por cal, a través de la capa freática.

Este informe da cuenta de que la NTU, (en química: Unidad de Turbidez Nefelométrica -por sus siglas en inglés-), es la unidad de medición para establecer el nivel de transparencia o turbidez del agua potable, en base a las partículas microscópicas sólidas que posee.

En La Toma, un día después de las lluvias “que produjeron arrastre de material en suspensión”, el agua del manantial sobrepasaba los 27 NTU, lo que significa que era imposible de purificar para el consumo humano. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud establece que la turbidez del agua para consumo humano debe estar por debajo de los 5 NTU.

Y añade el referido informe: “Se observa color blanquecino inhabitual en la salida de la captación” (manantial La Toma), y enfatizando que “Se verifica una contaminación”.

Según INAPA, entidad oficial que tiene a cargo la administración de dicho acueducto, La Toma permaneció por 56 horas con agua “no potable para el consumo humano, por turbiedad y color inhabitual.”

Esto nos deja bien claro la gravedad de la situación a la que se enfrenta el pueblo de San Cristóbal y sus autoridades. Así las cosas, el futuro se ve muy turbio y muy seco para nuestra población. 

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El RiachueloRD

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